Cómo vencer la tentación

 

NUTRICIÓN

 

                    

 

Después de la publicación de mis 2 reglas de oro para una la alimentación saludable en el pasado número de la revista, algunos de vosotros nos pedisteis una segunda parte sobre cómo vencer la tentación. Cuando hablamos de adoptar un estilo de vida saludable y de modificar nuestros hábitos alimentarios, automáticamente salta en nuestra cabeza aquello de “¿y qué pasa con el chocolate? ¿no podré ir de tapas? ¿o comer dulces? ¿…o embutido? Si no hay condiciones de salud que requieran medidas específicas, una dieta equilibrada puede incluir todos estos alimentos si los consumimos de manera esporádica.

Sin embargo, renunciar a cosas que nos gustan en el momento que nos apetecen siempre supone un esfuerzo. Ocurre en otros ámbitos de la vida ¿quién no ha deseado alargar esa ducha calentita, o echarse una buena siesta ante una dura tarde de trabajo?, pero seguramente unas de las tentaciones que más dificultades nos plantean tienen que ver con la alimentación, porque las sentimos más a menudo y porque nos cuesta más no ceder ante ellas.

Es posible que cuando hablamos de tentación entendamos cosas diferentes. Aquí nos referiremos a “la tentación” como “esas ganas irreprimibles de comer algún alimento que uno mismo piensa que no debería comer, ya sea porque está en un proceso de pérdida o control de peso, o simplemente porque quiere comer sano -y a veces saber cómo hacer bien las cosas no significa que hacerlas sea fácil-”. Pues bien, veamos algunos trucos que nos pueden ayudar a hacer las elecciones apropiadas para nuestro cuerpo.

Lo primero es saber si, efectivamente, estamos teniendo un antojo o lo que sentimos es hambre, o sed. A veces las sensaciones de sed y hambre se confunden, por lo que una primera medida sería beber un vaso de agua, o una infusión calentita y esperar unos minutos. La infusión, además de proporcionarnos un aporte líquido es ideal para ayudar a serenarnos si aprovechamos el momento de tomárnosla para desconectar de lo que estamos haciendo y nos dedicamos a saborearla y a notar como nuestro estómago la recibe. Si el gusanillo persiste, veamos: ¿Necesitamos comer ese algo determinado? ¿O cualquier cosa nos satisfaría? Si nos damos cuenta de la sensación es de hambre, podemos escoger algún tentempié saludable, como un poco de fruta fresca o fruta seca con yogur, y si nos apetece algo más goloso podemos añadir unas virutas de chocolate.

Si, por el contrario, tenemos antojo de ese algo concreto, hay diferentes estrategias que podemos usar. La primera es retrasar el momento de comer, decirse algo como: “cuando acabe de escribir este artículo voy a por ese dulce”. Y es muy probable que pasado ese tiempo el apremio haya disminuido y ya no queramos comer esa chocolatina. Otra opción es sustituir ese algo concreto por una alternativa que nos calme ese deseo pero sea más saludable. A menudo pensamos sólo en el sabor, pero muchas veces también puede que sintamos apremio por texturas, consistencias, aromas, etc. ¿Nos apetece algo dulce? ¿Salado? ¿Crujiente? ¿Jugoso? Es muy frecuente que lo que deseemos sea algo dulce, quizás con chocolate. En ese caso, una opción deliciosa que he descubierto recientemente es el queso fresco batido 0% con cacao desgrasado en polvo: bien mezclado y con unas gotas de edulcorante adquiere una textura de mousse y es muy saciante. Si lo que nos apetece es algo crujiente, o salado, podríamos optar por unos bastoncillos de zanahoria mojados en crema de yogur o queso bajo en grasa. O si somos cocinitas podemos preparar unas chips vegetales de zanahoria o calabaza al horno con unos granitos de sal.

Sin embargo, si la necesidad de comer ese algo concreto es muy apremiante, o la sentimos con frecuencia, mi recomendación es que rasquéis debajo de ese antojo para ver que se esconde. Muchas veces la comida nos sirve para evadirnos de algunas sensaciones o emociones que nos hacen sentir incómodos y no sabemos muy bien cómo gestionar. En ese caso es bueno tirar del hilo y preguntarse cuáles son nuestras emociones en ese momento: ¿Sentimos soledad? ¿Aburrimiento? ¿Nervios? ¿Enfado? Identificar lo que sentimos es el primer paso para intentar darle una respuesta diferente. ¿Podemos llamar a alguien y explicarle lo que nos pasa? ¿Escribir nuestras emociones…? Llevar un diario alimentario en el que apuntemos lo que comemos, cómo nos sentíamos antes de comerlo y después de haberlo comido, nos puede resultar de gran ayuda para escuchar nuestras emociones y recibir el mensaje que intentan transmitirnos. Si necesitamos ir más allá, un proceso de coaching nutricional es perfecto para estas situaciones.

Otra cosa que considero que es muy importante es cambiar la manera como miramos a las tentaciones. Cuando dejamos de pensar en términos de “no puedo comer eso” y empezamos a funcionar en clave de “claro que puedo comerlo, simplemente decido no hacerlo” la cosa cambia por completo: ya no es la comida quién nos domina, sino que nosotros tomamos las riendas de nuestra alimentación y decidimos qué tomar, cuando tomarlo y en qué cantidad.

Nuestro organismo necesita hábitos y rutina. Cuando nuestra rutina es comer sano, saltarse la regla con un trozo de tarta o una noche de tapas de vez en cuando es muy saludable. Cuando no es así, las excepciones se convierten en la regla y acabamos con una alimentación caótica y desequilibrada. Conseguir una relación saludable con la alimentación depende de uno mismo, y es fundamental para alcanzar el bienestar físico y mental. Con pequeños cambios día a día el equilibrio en posible, ¿os animáis a probar?

 

Elena Carrillo Álvarez
Dietista-Nutricionista de Coachner
www.coachner.com

Anúnciate Natalie Solve Mendips Silvia Clavero Coach Coachner Maria Teresa Febreiro
>>> Apúntate a nuestra newsletter mensual

CREARTE MAGAZINE, S.C.

Todos los derechos reservados © 2012 | Aviso legal | Snik diseño web