Ecologia Emocional

 

Convivimos con ellas, nos apasionan, nos liberan, nos hacen sentir vivos... nos inquietan, nos condicionan, nos esclavizan. Las emociones colorean todos los acontecimientos significativos de nuestra vida, las sentimos continuamente como parte de nosotros pero, ¿sabemos realmente lo que es una emoción? Nuestro mundo emocional es muy rico en paisajes y tonalidades, son códigos que debemos saber descifrar para vivir mejor y con armonía.

 

Emociones, ¿premios o castigos?

 

Se nos ha educado de forma que parece que haya afectos permitidos o buenos y otros negativos o malos y, por tanto, que no es lícito expresarlos o reconocerlos. Lo primero que tenemos que tener claro es que todos los afectos tienen su razón de ser, ¿os habéis preguntado qué pasaría si todas aquellas emociones que consideramos malas desaparecieran de nuestra vida? ¿Qué pasaría si el miedo, el enfado, la ira y la culpa dejasen de informarnos? ¿Quién nos protegería de los abusos y los errores? Es posible que nuestra existencia estuviese en peligro al no tener la información necesaria para efectuar cambios adaptativos.

Si tomamos como opción enmudecer las emociones llegaremos a la apatía, a la insensibilidad, a la vida anestesiada. Si, por el contrario, nos dejamos llevar por ellas sin intentar gestionarlas, entenderlas o descubrir la información que nos quieren dar, nos convertiremos en sus esclavos. Sólo si conseguimos hacer un buen trabajo entre nuestra mente racional, aquella que nos permite el análisis, la deducción y la argumentación; y nuestra mente emocional o sistema límbico, primitivo y arcaico que siempre está alerta para protegernos de las amenazas, será posible crear un clima de coherencia interna que nos permita dirigir adecuadamente nuestra conducta sin que ambos se interfieran y contradigan.

¿Cómo hacemos que nuestros dos sistemas operativos confluyan en uno? Cuando nuestro sistema límbico considera que se ha producido una situación que supone peligro o sufrimiento para nosotros coge el control, llegando a desactivar el sistema operativo racional y produciendo lo que se conoce como “secuestro emocional”. La única forma de poder controlar este proceso es conociendo nuestras emociones, esa parte primitiva que todos llevamos dentro y que nos configura como lo que Edgar Morin llama “el homo sapiens-demens”.

 

Es necesario detectar qué sentimos, traducirlo bien, dejar que los afectos fluyan y canalizarlos adecuadamente. La energía no debe bloquearse, necesita fluir. El miedo, la angustia, la inseguridad, los celos, la vergüenza... existen, como también existen la armonía, la seguridad, la tranquilidad, la esperanza y la generosidad. Todos enriquecen nuestro mundo emocional, coexisten y comparten el mismo nicho ecológico. Así, tal y como explican Jaume Soler y M. Mercè Conangla en su libro La Ecología Emocional, el proceso para gestionar una emoción adecuadamente es:

 

1) Sentir

2) Darnos cuenta de qué sentimos

3) Identificar el afecto dándole el nombre preciso

4) Traducir la información del mismo

5) Valorarla

6) Incorporarla a nuestro mapa de situación

7) Pasar a la acción, si es necesario, y dejar que el afecto fluya expresándolo o canalizándolo de forma no agresiva

 

Esclavitud emocional

 

Toda emoción es neutra, nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos con ella. Si nos aferramos y no las gestionamos adecuadamente de forma ecológica y adaptativa, corremos el riesgo de que, de forma parecida a lo que ocurre con las basuras, estos contenidos se vayan pudriendo y degenerando hasta llegar a resultar tóxicos para la persona que los contiene. Veamos algún ejemplo de cuáles son esas emociones que nos esclavizan y algunos breves apuntes para convertirlas en ecológicas:

 

 

ANSIEDAD: Deseo impaciente, espiral de la preocupación.

 

Mensaje cifrado: Tenemos dificultades en el tema del control, de alguna manera intentamos dominar las situaciones porque no queremos que la vida nos coja desprevenidos.

Estrategias ecológicas: Centrarse en el presente y en la reflexión, ocuparse en lugar de preocuparse, técnicas de relajación.

 

CELOS: Desconfianza, orgullo, envidia, venganza.

 

Mensaje cifrado: Indican que tenemos problemas de posesión, inseguridad y baja autoestima.

Estrategias ecológicas: Trabajar el autoconocimiento, la autonomía personal, los valores de confianza en los demás y aprender a identificar las propias cualidades y potencial interno.

 

 

CULPA: Sensación de peso, de desequilibrio interno, de inquietud, de asco hacia uno mismo, de insatisfacción, sufrimiento y remordimiento.

 

Mensaje cifrado: Nos informa de que hemos sido incoherentes hacia nuestras propias normas o criterios éticos y de que estamos en conflicto.

Estrategias ecológicas: Tener claro qué es lo que ha provocado el sentimiento de culpa, aceptación del error como parte de la naturaleza humana e intento de repararlo en la medida que sea posible, perdonarnos a nosotros mismos aceptando nuestras imperfecciones.

 

 

ENVIDIA: Espejo que muestra nuestra propia incapacidad, odio, frustración, soberbia.

 

Mensaje cifrado: Problemas con la generosidad, tendencia a valorar haciendo comparaciones constantes, falta de empatía con los demás y de seguridad en uno mismo.

Estrategias ecológicas: Trabajo de autoestima y de motivación para desplegar nuestros propios proyectos personales. Centrar la atención en uno mismo.

 

IRA: Hija de la frustración, el enfado, el mal humor. Altamente inflamable, si nos dejamos arrastrar por ella es fácil que nos veamos envueltos en una espiral de violencia.

 

Mensaje cifrado: Promueve la destrucción del obstáculo que nos priva de conseguir lo que queremos. Tiene una función inicialmente defensiva.

Estrategias ecológicas: En palabras del maestro tibetano Chogyam Trungpa, la mejor forma de relacionarse con la ira es “ni la reprimas ni te dejes arrastrar por ella”. O, como decía Séneca: “Contra la ira, dilación”, hacer una pausa, tomar aire y distancia para ver las cosas con perspectiva.

 

 

MIEDO: Emoción primaria que nos avisa de que podemos sufrir algún daño.

 

Mensaje cifrado: Basándose en nuestras creencias adquiridas, el miedo tiene como función avisarnos del peligro de pérdida.

Estrategias ecológicas: Detectar nuestros miedos y tomar conciencia, trabajar nuestras creencias, la misma situación vivida por distintas personas, con recursos y competencias emocionales distintas, puede desencadenar reacciones dispares. Donde uno ve un precipicio, otro ve una oportunidad. La vida no es como es sino como la vemos.

 

 

ODIO: Ira y rabia reprimidas. La voluntad de destruir surge cuando uno no es capaz de satisfacer la voluntad de crear.

 

Mensaje cifrado: Peligro, nos hemos equivocado en la dirección de nuestra conducta, arma de doble filo: hemos creado un vínculo en que la destrucción del otro también nos destruirá a nosotros.

Estrategias ecológicas: Trabajar sentimientos de respeto y consideración del otro como ser humano que piensa y siente por sí mismo, fomentar un modelo de persona responsable, rescatar el amor como antídoto universal.

 

 

TRISTEZA: Emoción primaria necesaria que llevamos en nuestro equipaje vital. Es la sensación de que alguien nos ha desconectado del flujo de la vida y nos quedamos al margen, en la frontera de todo y de todos, sin fuerza ni aliento.

 

Mensaje cifrado: La tristeza nos habla de detenerse, reflexionar y tomarse tiempo. Hacer un alto en el camino para observar nuestra vida y nuestras relaciones que nos permita valorar nuestros recursos y coger fuerzas para afrontar el futuro.

Estrategias ecológicas: Reconocer la emoción, respetar nuestro propio ritmo en el ser y en el hacer, verbalizar y efectuar un drenaje emocional sin juzgar ni censurar lo que sentimos o pensamos.

 

 

Energías limpias, renovables y ecológicas

 

“Sé feliz siempre que puedas y verás que, casi siempre, puedes ser feliz”, Antoni Bolinches

 

La energía no se crea ni se destruye, se transforma. Por eso debemos invertir esfuerzos en la búsqueda de energías renovables, ecológicas y sanas, energías que podemos encontrar en nuestro interior y que, si están trabajadas, nos permitirán ser personas independientes, equilibradas y maduras. La alegría, la curiosidad, el deseo, la fortaleza, el silencio, la soledad, la voluntad son algunas de ellas y, algunas otras, pertenecientes a ecosistemas protegidos que requieren una atención y cuidado especial, son el agradecimiento, la amistad, el amor, la compasión, la confianza, la esperanza, la felicidad, la generosidad, la serenidad y la ternura.

Aprende a disfrutar y a vivir tus emociones, a entender lo que quieren decirte, de qué te están avisando y cuál es la oportunidad que se esconde tras ellas para continuar conociéndote y creciendo día tras día. Me despido con una invitación para que profundices en la gestión de tus emociones con el taller de gestión emocional que se impartirá en febrero y en marzo, asumir la responsabilidad de decidir cómo vivir tu vida merece la pena.

 

Laura Maroto Ferrer

lauramaroto@creartemagazine.com

 

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