La intuición se puede educar

 

Decisiones intuitivas, decisiones eficientes

                             

                                

Las personas poseemos toda una caja herramientas personales que, si sabemos sacarles el brillo, cuidarlas y potenciarlas, nos darán fortaleza y equilibrio.  El problema  del contenido de la caja reside en:

 

a) Algunas veces nos olvidamos o desconocemos que las tenemos. En este caso, hay que tomar consciencia de ellas para sacarlas a flote, explorarlas y fortalecerlas.

b) Sabemos que las tenemos pero no las reconocemos y, por lo tanto, no las potenciamos.  Aquí cabría recogerlas y reforzarlas.

 

La intuición es una de las herramientas de nuestra caja. Hay personas que se consideran muy intuitivas, otras que creen que no lo son pero saben que la intuición está en su caja y otras que sólo se guían por lo que es razonable.

Cuando preguntas de forma aleatoria qué se entiende por intuición, las personas suelen responder que es “un sexto sentido”, “aquello que sabes pero no puedes explicar”, “algo que está ahí”.  Se habla de “corazonada” y de “presentimiento”.

Tenemos intuiciones sobre la ropa que nos pondremos, si vamos en metro o en bus, sobre la persona que nos atrae, el equipo de fútbol que ganará, si bajará el tipo de interés, si invertir en un fondo o en otro, sobre cómo atraer clientes, o cómo actuar ante el paciente que entra en urgencias. Constantemente estamos delante de un proceso de toma de decisiones y la intuición es un elemento clave en ella.  El hecho de elegir supone todo un esfuerzo y el resultado es que no siempre uno se siente satisfecho con la elección escogida.

 

Dar una definición es complejo. La intuición es un medio de conocimiento, es un saber. En esta línea, autores como Gigerenzer (2009) (psicólogo y director del centro de comportamiento adaptativo y cognición del Instituto Max Planck para el desarrollo humano) la define como la inteligencia del inconsciente, sin la cual no se podrían tomar decisiones. Sus investigaciones desvelan que los altos ejecutivos toman sus decisiones de modo intuitivo y las visten con informes de consultoría, datos de asesores, etc. Galdwell (2005) habla de la “inteligencia intuitiva” y Hogarth (2001) propone que se puede educar.

Podríamos decir que es como una sensación que llega rápidamente a la consciencia pero de la que, normalmente, no somos conscientes; proviene del inconsciente adquirido; se basa en la experiencia acumulada; proviene del conocimiento tácito (conocemos más de lo que sabemos); no se puede verbalizar; se expresa en sensaciones, símbolos e imágenes que no siempre se pueden interpretar; se especifica en el dominio de un campo (hablaríamos de la intuición como pericia) al estar en contacto en unos ámbitos determinados y ha de estar en “resonancia” con la situación a resolver.

A través de la intuición accedemos al conocimiento que poseemos y que sobrepasa nuestro conocimiento intelectual consciente. Hablamos de intuición como algo irracional cuando no lo es; además, está basada en la experiencia.

Cuando la intuición sale a la superficie es como una burbuja y, justo cuando aflora, es cuando hay que “cogerla” y aplicarle entonces, el conocimiento analítico. 

No hay que confundir la intuición con la impulsividad o con el instinto. En la impulsividad se actúa sin pensar, es veloz y hay impaciencia. En el instinto no hay un razonamiento previo, es una conducta innata (por ejemplo, cuando reaccionamos ante el miedo). La intuición refleja una conducta aprendida aunque puede tener componentes innatos.

Tenemos que aprender a darle a la intuición el mismo estatus que al razonamiento deliberado. Podemos creer y confiar en nuestras intuiciones y analizarlas de forma crítica. Son principios sencillos que pueden ser mejores y pueden tener más éxito que soluciones complicadas. Pensemos que las decisiones tomadas de forma intuitiva, son tan eficientes como las que se tomas con tiempo ya que suprimen caminos de la razón.

Para hacerlo, tenemos que conocer y abrir nuestros canales receptivos, interpretar lo que recibimos y aprender a diferenciar una intuición de un deseo o un miedo.

 

¿Queréis saber más?

Gigerenzer, G. (2009). Decisiones instintivas. La inteligencia del inconsciente. Ariel: Barcelona.

Galdwell, M. (2005). Blink. The power of Thinking without Thinking. New York: Time Warner Book Group.

Hogarth (2001). Educar la intuición. El desarrollo del sexto sentido. Paidós: Barcelona.

 

Maite Durán

www.innerbuilders.es
 

 

 

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