Mood Food

LA COCINA DE LA FELICIDAD

 

El Mood Food, o comida del buen humor y la felicidad, es una nueva tendencia dietética que promueve el consumo de alimentos ricos en nutrientes o sustancias que activan neurotransmisores cerebrales como la serotonina o las endorfinas, implicados en la euforia, el placer y la alegría de vivir.

Emerge en este nuevo milenio, aunque la historia comienza mucho más atrás. Desde el siglo IV antes de Cristo, y gracias fundamentalmente a Hipócrates, se intuía que los alimentos influyen en el estado de ánimo, pero fue en la década de los ochenta del pasado siglo cuando se dio el salto de la creencia a la ciencia. Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), y de otras instituciones científicas, empezaron a descubrir los mecanismos fisiológicos por los que un determinado nutriente activa mediadores cerebrales que nos hacen sentir de mejor humor, aumentan nuestro confort espiritual, mejoran nuestro tono vital, promueven la autoestima y nos hacen menos vulnerables al desánimo o a la depresión.

Para hablar de alimentos, de cómo incorporarlos a nuestra dieta y de humor y felicidad, nadie mejor que Miguel Ángel Almodóvar, autor del libro Mood Food, la cocina de la felicidad, una obra que recoge un compendio teórico y práctico de los alimentos y las recetas que mejor funcionan sobre nuestro estado de ánimo.

 

Miguel Ángel, ¿se puede conseguir la felicidad comiendo?

Sin duda, aunque hay que tener siempre presente que los alimentos, como los medicamentos, no hacen un efecto inmediato, sino que hay que ser perseverante y acompañar la dieta con estilos de vida saludable, como hacer ejercicio regularmente y alejarse de tóxicos como el alcohol, el tabaco, las drogas, las monodietas y “dietas milagro”, los precocinados y la comida basura o chatarra.

 

¿En qué consiste la dieta de la felicidad?

La dieta de la felicidad es una dieta rica en ácidos grasos omega-3, como el pescado azul y las nueces; abundante en vitaminas del grupo B, especialmente en B1 o tiamina, presente en la carne magra de cerdo, el jamón, los pistachos o las avellanas; en B6, del que son fuente las sardinas, lentejas y garbanzos o trigo integral; en B9, que está en el hígado de pollo, las espinacas y las judías pintas; B12, presente en los riñones de cordero, la pechuga de pollo los huevos y el salmón; fuerte en zinc, mineral que actúa como calmante nervioso y que está implicado en los procesos cognitivos y meorísticos, presente en ostras, hígado de ternera, jamón, chocolate negro y pipas de calabaza; y generosa en magnesio, un antidepresivo natural del que son fuente el chocolate negro, las nueces, el arroz integral, las legumbres y las pipas de girasol.

 

¿Existen alimentos que provoquen el efecto contrario? Que nos hagan enfadar o estar más irritables o deprimidos, por ejemplo...

Quizá el ejemplo que nos pueda resultar más familiar son las dietas pobres en fibra que inducen el estreñimiento, una vía segura hacia el mal humor y el disconfort, como a cada paso nos recuerdan los spots televisivos de laxantes; las escasas en vitaminas del grupo B, que incrementan el ácido láctico e inducen el agotamiento físico y mental; y las muy generosas en grasas saturadas, que provocan una sobrecarga de trabajo en el hígado y dificultan las funciones hepáticas.

Para el final he dejado lo que quizá debería estar al principio, y es el consumo de grasas vegetales parcialmente hidrogenadas o más popularmente “trans”, tan presentes en la dieta contemporánea en forma de bollería industrial, margarina, hamburguesas y otros productos fast-food, pizzas precocinadas, patatas fritas y snaks. Como ha demostrado recientemente un equipo de la Universidad de California  dirigido por la doctora Beatrice Golomb, estas grasas se relacionan significativamente con mayores niveles de agresividad, estallidos de ira y depresión, debido a que estos ácidos grasos trans interfieren en la metabolización del omega-3. Sabemos que la ingesta de grasas trans incrementa extraordinariamente el riesgo de aparición de enfermedades cardiovasculares, y padecer un infarto o un ictus, además de que también es algo que pone de bastante mal humor.

A todo ello hay que añadir prudencia en el consumo de carnes rojas, que favorecen la irritabilidad y la agresividad. Según la Organización Mundial de la Salud, tomar estas carnes tres veces al mes es más que suficiente y, sin embargo, no son pocos los que las ponen en su menú casi a diario.

 

Para combatir el mal humor, antidepresivos naturales

Alimentos ricos en triptófano, aminoácido que estimula la producción de serotonina y presente en la carne magra de pollo y de pavo, el chocolate negro, plátanos, garbanzos, alga espirulina, y pipas de girasol y de calabaza; los abundantes en fenilalanina, aminoácido precursor de la norepifedrina y del que son ejemplo las almendras, el aguacate, la piña el perejil, las espinacas y las legumbres; los que son fuente de tirosina, otro aminoácido antidepresivo presente en manzanas, espárragos, aguacates, almendras y zanahorias; los que proveen al organismo de litio, un mineral que se viene usando como antidepresivo desde los años cincuenta y que está presente en alubias y garbanzos, cereales integrales, riñones, hígado, patatas, nabos y jengibre; y, sobrevolándolo todo, el chocolate negro, muy rico en cacao, y fuente no solo de magnesio sino de teobromina, un alcaloide que estimula el sistema nervioso central, es antiestresante y favorece la producción de serotonina.

 

MENÚ ANTIDEPRESIÓN

 

Para empezar el día...

Un buen desayuno que incluyera un plátano, una rebanada de pan frotado con ajo y regado con aceite de oliva virgen, un zumo de pomelo rebajado con agua y una taza de chocolate.

A media mañana...

Una manzana y un puñado de nueces, pistachos o avellanas.

Para comer...

Un filete de pollo, pavo o magro de cerdo o un pescado azul a la plancha, una ensalada de aguacate y espinacas crudas, y una rodaja de piña natural.

Para merendar...

Un bocadillo de jamón, una tacita de chocolate negro y un par de albaricoques secos u orejones.

Para cenar...

Un plato de pasta aliñada con un chorrito de aceite de oliva y espolvoreada con ralladura de jengibre o un arroz integral con lentejas y zanahoria, una ensalada de lechuga con pipas de calabaza o/y una lata de sardinas en aceite de oliva, y un yogur natural descremado.

 

 

Además, casi día sí y día no, habría que incluir en la dieta cotidiana un plato de legumbres, pero no al estilo tradicional, es decir con poca grasa, como podrían ser garbanzos con calamares, ensalada de judías blancas o lentejas con verduras.
 

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