Terapia asistida con perros

 

NUESTRO MEJOR AMIGO COMO FUENTE DE SALUD

 

 

 

La Terapia Asistida con Perros es un tipo de tratamiento terapéutico en la que el animal forma parte del proceso del mismo. Para ello, tres figuras trabajan en equipo: el perro, que ha de tener cualidades singulares y que es una herramienta más en el tratamiento; su entrenador o técnico, y el profesional de la salud. El propósito es mejorar el funcionamiento físico, social, emocional y/o cognitivo de las personas.

A mediados del siglo XX se realizaron varios estudios. El Dr. Boris Levinson fue quien, en los años 70, utilizó su perro Jingles en sus consultas psiquiátricas y comenzó a interesarse en el potencial de los animales para ayudar a las personas en el mantenimiento y recuperación de la salud. Entonces sentó las bases de lo que hoy conocemos como Terapia Asistida con Animales (TAA).

Para situarnos mejor hemos de explicar algunas diferencias conceptuales. En el campo de las interacciones entre personas y animales podemos diferenciar dos grandes grupos:

- Las Actividades Asistidas con Animales  (AAA)
- Las Intervenciones Asistidas con Animales (IAA)

En las IAA, además las dividimos en:

• Terapia Asistida con Animales (TAA)
• Programas de Educación Asistida con Animales (EAA)

La diferencia entre las AAA y las IAA, es que las primeras sólo necesitan de un Técnico en Terapia Asistida y el Animal, mientras que las segundas, además necesitan de la intervención de un profesional de la salud o de la educación.

No tiene demasiado interés la raza del animal, si bien es cierto que hay perros genéticamente más adecuados. Sin embargo no nos sirve cualquier can.  Existen unos requisitos que estos perros deben cumplir.

El perro debe tener una obediencia básica, ha de entender tanto órdenes verbales como gestuales. Sin embargo, lo más importante de un perro de terapia es que tenga una perfecta sociabilización y que responda de forma positiva a ella, que le guste el contacto con las personas y con otros animales. A él poco le importa el estado de salud del usuario, si tiene algún tipo de parálisis cerebral, si es autista o qué edad tiene, etc.

El otro binomio del equipo es el Técnico en Terapia Asistida (TTA). Si bien es cierto que no existe en la actualidad una formación reglada como TTA existen algunos centros y asociaciones de terapias asistidas que imparten estos cursos con un amplio programa de prácticas. Resulta imprescindible comenzar de la mano de expertos, tener paciencia y seguir sus consejos basados también en la experiencia.

Una vez formados, nosotros y nuestro compañero de trabajo, las aplicaciones son muchas. Posiblemente los mayores efectos terapéuticos se dan en los niños, con problemas psíquicos, de habla o de recuperación de una convalecencia para que no se centren únicamente en su enfermedad, así como ancianos que estimulan su responsabilidad, sociabilización con el entorno, movilidad, estado de ánimo y por lo tanto calidad de vida.

Podríamos ampliar infinitamente su utilidad, por ejemplo a ámbitos como la reinserción de delincuentes, temas de drogadicción, enfermos terminales, psiquiatría, parálisis físicas y mentales, etc. Hemos de definir bien los objetivos que se quieren lograr, tanto si hablamos de Terapia Asistida como si lo hacemos de Actividades Asistidas. En el primer caso, estos objetivos y la revisión periódica de los avances obtenidos se harán de la mano de un terapeuta o un educador profesional, mientras en el segundo se pactará con el usuario o sus tutores.

Cada caso es diferente y evoluciona de forma desigual en cada usuario, por lo que no podemos establecer un tiempo o un número de sesiones para lograr un objetivo. Lo que sí debemos hacer en cada caso es una evaluación continua, para modificar, si fuese necesario,  la actividad y obtener el máximo provecho al programa.

Tuve a una niña de seis años, autista e hiperactiva que constantemente corría del patio del colegio a las aulas de manualidades y viceversa. A través del perro conseguimos que se detuviese en la puerta, donde estaba el perro sentado,  y así pedirle permiso para entrar y salir, a lo que el animal se levaba y le daba paso. Se consiguió que, por propia voluntad, no entrara y saliera constantemente y dedicarse más tiempo a una sola actividad.

En varias ocasiones, niños con un miedo atroz a los perros, se consigue en un par o tres de sesiones que no sólo no tengan miedo al animal sino que acaben aceptándolo como compañero de juego.

Ancianos, con problemas de motricidad fina, practican cogiendo pequeños trozos de pienso y poniéndolos en un juguete del animal que él buscará como premio; o bien activan la movilidad de un brazo con artrosis lanzando la pelota al perro, en lugar del tedioso trabajo de gimnasio.

Espero que con esta oportunidad haya podido acercar el mundo de las TAA y su difusión a todos vosotros y, sobre todo, al conocimiento de estos maravillosos animales, los perros, que tan útiles son en nuestro entorno y de lo poco que necesitan para ser felices, apenas unos minutos de atención.

 

Xavier Vaquerizo

xvaquerizo@gmail.com

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