Tren con destino...

 

RELATOS DE COACHING

 

Estrenamos nuevo apartado en Crearte Magazine: 'Relatos de coaching', en el que, a través de una serie de relatos cortos, observarás aplicaciones directas de cómo el coaching puede darse en diferentes circunstancias de nuestras vidas.

El relato de este número va orientado a aquellas personas que no se sienten plenas con su vida pero les falta el empujoncito que les conduzca al cambio, os presentamos: Tren con destino...

 

                    

 

"El tren estacionado en la vía 1 está a punto de salir" (megafonía).

Con las manos en la cabeza y suspirando se sienta en el banco del andén lamentándose por haber perdido el tren.

-¡No! ¡Se me escapó! ¡Justamente hoy no!

Rápidamente saca del bolso el horario de los trenes y busca nerviosa a qué hora sale el próximo. Aún quedan veinticinco minutos... De repente, una mujer se dirige hacia ella.

-Vaya, parece que lo dejaste escapar... -insinuó la mujer-.

- ¿Perdón? -contestó la chica con una risa nerviosa- Sólo me faltaba oír eso... Ahora resultará que tengo la extraña costumbre de dejar escapar trenes. -añadió irónicamente la chica-. Disculpa ¿eh?, pero ahora mismo no estoy para bromas...

La chica giró la cabeza hacia el otro lado y se hizo un pequeño silencio.

- Es curioso. Me he fijado que muchas personas, cuando consiguen subir a su tren, les invade una sensación de tranquilidad. Y eso me hace pensar: ¿correrán porque huyen de algo que les inquieta o, por el contrario, lo que les espera al finalizar su trayecto merece tanto la pena como para que hagan estos sprints? - dijo la mujer-.

Tras unos segundos de reflexión, la chica dirigió de nuevo su mirada hacia la mujer y, con una sutil sonrisa, retomó la conversación.

- Pues la verdad es que sí. Coger ese tren supone para mí el único momento del día en que sólo existo yo. Son los treinta minutos de reflexión, de tranquilidad como tú dices. Pienso en mi futuro profesional, en las ansias de dejar mi trabajo y dedicarme a lo que realmente me gusta. Para mi el tren es un espacio para soñar... Pero sólo eso, soñar. Porque luego llego a mi casa.

- Entonces lo que te espera en ella vale realmente la pena -insinuó la mujer-

- Pues si te soy sincera, no del todo. Supongo que llegar a mi destino es entrar en una zona de seguridad, un destino donde el lugar y las personas me son familiares, donde todo lo que ocurre allí lo tengo controlado. Mi pareja, mis amigos, mi familia, mis rutinas... Todo ello me es cómodo y fácil, pero me doy cuenta que esto provoca que lo que está fuera de ella cada vez me de más miedo. Lo que sueño en el tren se desvanece cuando llego a casa.

Sé que en su momento fui yo la que elegí qué y quién debía estar en mi vida, pero ahora me doy cuenta de que la vida no es deber, es querer. Todo lo que hago en mi día a día sólo perpetua un futuro del que siento que no llevo las riendas. Es una vida sin mí.

- ¿Y qué sientes cuando piensas en ello?

- Ufff... Siento muchas cosas. Frustración, impotencia y la extraña sensación de que estoy perdiendo mi identidad. Siento que vivo para los demás. Cada vez que me planteo cambiar sólo pienso en las consecuencias que tendrán mis decisiones en ellos, en vez de pensar en lo que supondrá para mí. Me siento enormemente responsable de cómo les va a afectar, y eso me agobia muchísimo.

- ¿Piden ellos que asumas tanta responsabilidad? -preguntó la mujer-

- No...

- Responsabilizarte tanto de los demás provoca que no asumas tu propia responsabilidad.

Un silencio invadió la conversación.

- Si quieres cambiar, dale la vuelta a tu pensamiento. ¿Qué deseas conseguir en tu vida? -preguntó la mujer-

- Sentir que llevo las riendas.

- Bien. ¿Qué tendrías que hacer para lograr eso?

- Mmmm... No lo sé la verdad, no se me ocurre nada ahora.

-Tranquila. ¿Qué sensación tendrías si hicieras lo que debes hacer?

- Eso sí que lo tengo claro. Libertad, orgullo, fuerza, tranquilidad...

- Genial. ¿Y qué pensamiento crees que rondará tu cabeza una vez lo hayas conseguido?

- "Sólo yo decido qué quiero en mi vida" -afirmó con contundencia-

- Instaura esta creencia en tu mente y actúa.

- ¿Pero qué es lo que debo hacer para cambiar? -preguntó la chica-

- Muy sencillo. Dejar de hacer lo que haces y hacer lo que no haces.

- Claro, decirlo es muy fácil...

- Yo no he dicho que sea fácil, sólo te digo que vale la pena.

- ¡Oye, llevamos un rato hablando y aún no sé quién eres!

- Una mujer que un día dejó escapar un tren para coger otro. Y tú, ¿lo vas a dejar escapar?

 

Jaume Garcia
jaume.garcia@coachner.com
www.coachner.com
 

 

 

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